Evaluación de Daños


Al final de la evaluación del impacto social, económico y ambiental de un desastre es preciso elaborar una recapitulación de los daños que permita dar a conocer el resultado completo del análisis. De hecho, dicha recapitulación es el resultado final del trabajo de evaluación y servirá de base para el análisis macroeconómico posterior. En ella, será preciso presentar tanto el monto total de los daños como diferentes desgloses para identificar tanto los sectores como las áreas geográficas y los grupos poblacionales que hayan resultado con las mayores afectaciones. Aparte de cuantificar el monto total del impacto, en términos monetarios, esta recapitulación debe permitir identificar las áreas temáticas y geográficas que deberán recibir atención prioritaria en el proceso de reconstrucción, proveyendo un insumo valioso para la definición de la estrategia y los planes y proyectos para ese propósito.

Con base en las estimaciones sectoriales realizadas; siguiendo la metodología de evaluación uniforme, el especialista global deberá preparar una agregación tanto de daños directos como de efectos indirectos, para obtener la cifra del monto total de los daños ocasionados por el desastre bajo análisis.

Deberá tenerse cuidado, sin embargo, de no incurrir en duplicaciones. Será preciso evitar que los daños de un sector no estén también incluidos en otro, lo que es especialmente fácil de producirse en el caso de daños indirectos que están vinculados a lo largo de cadenas productivas (por ejemplo, producción, procesamiento y comercialización). Otro cuidado especial será necesario para asegurar que en este monto total de daños se incluyan solamente aquellos que son medibles mediante las cuentas nacionales.

Luego de realizar esta agregación, será preciso hacer algunos desgloses para conocer a fondo la naturaleza general del impacto del desastre y para facilitar comparaciones posteriormente. Tales desgloses serían al menos los siguientes:
 
  • Total de daños directos e indirectos;
  • Total de daños al acervo, la producción, y aumentos de costos o disminución de ingresos en la prestación de servicios; y
  • Total de daños al sector público y al privado.
 
La separación entre daños directos e indirectos totales permitirá formarse una primera idea de cuáles han sido los efectos sobre los acervos y sobre el desempeño futuro de la economía. El monto de daños directos permitirá tener una idea del esfuerzo que será necesario realizar al país o región afectada para reponer los acervos perdidos.

El desglose siguiente entre daños al acervo y la producción y cambios en los costos e ingresos en la prestación de servicios permitirá profundizar más el análisis, al identificar claramente las pérdidas de patrimonios, las mermas en la producción, los efectos en las finanzas del Estado y de las empresas prestadoras de servicios públicos, y los posibles aumentos de costos de vida a la población. En efecto, téngase presente que dentro de los daños directos se contabilizan tanto la destrucción de acervos como las pérdidas directas de producción ya lista para el consumo, lo que es preciso desagregar para poder realizar el análisis macroeconómico posterior. De igual forma, los efectos indirectos incluyen tanto pérdidas futuras de producción como mayores costos y menores ingresos en la prestación de servicios tales como agua y alcantarillado, electricidad, transporte, etcétera. Con dicho desglose, entonces, será factible tener una idea clara del monto total de daños y pérdidas de acervo y producción así como del efecto indirecto sobre las finanzas del Estado y de las empresas (públicas y privadas) que brindan servicios.

El desglose entre el monto total de daños para el sector público y el privado permitirá determinar otros elementos de importancia para la reconstrucción, al definir el esfuerzo que deberá hacer el Estado y los particulares para emprenderla. Si bien el costo de la reconstrucción de la infraestructura pública generalmente le corresponde al Estado y con ello se puede determinar el monto del financiamiento futuro requerido, el Estado también puede verse en la necesidad de definir programas de financiamiento o líneas de crédito para los particulares afectados por el desastre, especialmente para el caso de aquellos de más bajos ingresos o para los que estén ubicados en sectores estratégicos de la economía.